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martes, 18 de diciembre de 2012

RAJOY, LA JUGADA MAESTRA (alegoría)


RAJOY, LA JUGADA MAESTRA
(Alegoría) 

Abren negras. Lo siento, pero es lo que ha tocado en el sorteo celebrado ante el ilustrísimo señor notario del pueblo a la vista de las innumerables manifestaciones ciudadanas que recorren el país, de oeste a este y de norte a sur, en contra de la política económica y social del Gobierno.

            Empieza la partida con un movimiento esperado y comprensible, avanzando el peón rey dos pasos al frente. Este obediente y disciplinado peón, al igual que los siete restantes, lo podemos representar con la figura simbólica de un presidente de una Comunidad Autónoma gobernada por el partido que sustenta al Gobierno. Intenta conquistar el centro del tablero para hacerse con la posición. Por su parte, las blancas hacen lo mismo moviendo su peón, adelantándolo también dos pasos. Las negras, o sea el Gobierno, no quieren infravalorar en principio al enemigo y emprenden por las bravas un ataque masivo, tal vez precipitado; desean una victoria rápida y contundente que deje sin capacidad de reacción a su rival;  el rey negro da las órdenes precisas para que salgan a la palestra, o sea al tablero, sus dos alfiles y caballos, representados en este caso por las figuras de los ministros de economía, hacienda, cultura y justicia (lo de quien es quien lo dejo al libre albedrío de la imaginación de cada uno), haciendo todo lo posible para neutralizar e impedir el avance de las figuras blancas. Estas, con sus debilitadas fuerzas, sufren numerosas bajas en la cruenta refriega, pero sorprendentemente logran recomponerse y  lanzan, a su vez, un ataque a la desesperada que rompe el flanco derecho contrario, penetrando en las filas enemigas y haciendo caer, uno a uno, peones (excepto dos), alfiles y caballos.

            Viendo el cariz de la contienda y temiendo un jaque al rey negro (representado en el tablero por la figura de Rajoy), este, enrocado en su cómoda posición, susurra a su dama, o sea, a la vicepresidenta Soraya, insinuándole lo siguiente: ¡Ve tú y pon un poco de orden, después me lo cuentas…! Pero esta no se da por aludida y traslada la orden, y por lo tanto la pelota, al tejado de las dos torres negras que todavía quedan en pie sobre el tablero: las ministras de trabajo y sanidad.

            Las blancas poco a poco se van haciendo con la situación, aunque no la tienen todas consigo y avanzan con cautela; lanzan un ataque certero asestando un duro golpe, comiéndose, primero una y después otra, las dos torres que todavía no habían caído. La dama, o sea la vicepresidenta Soraya, trata de proteger como puede a su rey, pero dos caballos blancos heridos de muerte por dos peones negros que habían quedado aislados y rezagados en las filas enemigas (que también cayeron) asestan un definitivo golpe mortal a la dama, quien antes de caer intenta a la desesperada salvar como puede a su rey avanzando un paso en diagonal, pero en falso, hacia delante, acabando sin remedio tendida panza arriba en el tablero.

            Al final de la partida quedan tan solo tres figuras: el rey blanco y su fiel peón, y el rey negro “o robado”, más solo que la una, que se encuentra aislado, destruido su ejército, no pudiendo obtener ya la victoria; su única esperanza es la salvación por tablas.

            Viéndose ya ganadores, las dos únicas figuras blancas en pie avanzan con paso firme; consiguen aproximarse tanto a la casilla del rey negro, que están a punto de dar el golpe definitivo: el jaque mate.

Cuando ya todo está acabado, el rey negro desaparece misteriosamente del escenario de la contienda, o sea del tablero de ajedrez, por arte de “birlibirloque”.

            Esta “jugada maestra” no está contemplada, que se sepa, en ningún manual al uso. Técnicamente la partida no ha concluido. ¿Qué hacer en este caso singular, excepcional e inaudito? No existe casuística anterior ni jurisprudencia aplicable al caso. Estamos ante la jugada maestra de Rajoy, la definitiva, asestando un duro golpe moral y dejando al contrario en el tablero con un palmo de narices, a merced de su suerte, en un compás de espera interminable y tedioso, haciendo que la partida permanezca suspendida sine die.

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